
La Pluma en el Tintero.
Ciudad de Bayamo.M.N. Granma. 
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«Todo está dicho ya; pero las cosas, cada vez que son sinceras, son nuevas.» ![]()

En este artículo quiero transmitirles algunas experiencias en el Taller Literario, es lo que mi corazón dicta a mi cerebro, estoy seguro que les va ayudar mucho y les va a gustar a unos cuantos que estan comenzando este reto. Ya les hablé de cómo llegué a la Literatura y de su impronta, pero me falta comentarles la continuidad. Al comenzar en esta nueva escuela de la vida y del conocimiento, allá por el año 2012, tuve muchos tropiezos. Los sábados del Taller fungía como Auxiliar Económico en una Farmacia, laboraba media jornada y muchas veces se extendía hasta tarde, por el cúmulo de tareas que llegaba al departamento. Mis preocupaciones estaban rodeadas y a veces en el centro de un gran conflicto, entre ser o no ser, la disyuntiva de seguir o la no continuidad de lo que había comenzado con “Universidad para todos”, entre mi trabajo y los deseos de avanzar en la escritura, de adentrarme en el mundo de las vivencias de los personajes creados por mí, los entornos en que se desenvuelven, el mero hecho de suspender o no mi asistencia a cada instante de estos cursos de creación literaria.
Estaba convencido que este mundo es amplio y en las clases solo recibimos una síntesis del enorme conocimiento que conlleva el desafío de recrear historia, ficcionar en prosa a nuestros barrios y ciudades, nuestras costumbres y hacer identificar a los lectores con cualquiera de los personajes que actúan en medio de un ambiente real, a veces hostil y hacerlos reflexionar.
La primera vez que asistí a la Peña “Botella al Mar”, charlamos de los símbolos en la Literatura, y al final Erwin, el profesor, lanzó una pregunta al aire. -¿En qué obra y cuál es el escritor que con símbolos nos quiere mostrar algo o hacernos llegar un mensaje?. Más o menos era esa la interrogante, el que contestara correctamente recibía como premio un libro. Estaba seguro que existen disímiles de obras y escritores, observé que el premio era el excelente libro “El Arte de morir a solas” de Ernesto Pérez Chang. Me apresuré a buscar en mi memoria y escudriñé en mis ideas algunas obras con sus escritores y con tan buena suerte, a la velocidad de un relámpago, encontré un ejemplo claro, estaba ahí en la biblioteca de mi cerebro la “Metamorfosis” de Franz Kafka.
Recordaba muy bien la transformación de Gregorio Samsa en un monstruoso insecto y ¿qué quería decir Kafka con esa mutación? Pues me llegaron las imágenes de aquella clase de Literatura, que permanecía almacenada en mi disco duro, el cerebro, en que nuestra profesora Silvia, en el duodécimo grado, nos hacía vivir con sus explicaciones como un personaje más dentro de la trama y nos aludía de la enajenación del hombre en esa sociedad y la incapacidad para trabajar. Esperé que alguien contestara, nadie levantó la mano, miré a la redonda porque estábamos sentados en círculo e inmediatamente alcé mi dedo índice, me dieron la palabra y hablé. Kafka quiso resaltar el mero hecho, de cómo en una sociedad hostil a los hombres, esta los hacía sentir un ser diferente, aislado, lleno de incomprensiones por una maquinaria institucional abrumadora, que no la comprende ni tampoco es comprendido por ella, resaltando el egoísmo humano ante el bienestar de los demás. Sobre Gregorio, recayó todo el peso de mantener económicamente a su familia, sin embargo cuando la situación gira, es la familia la que tiene que hacerse cargo de él y ésta rehúye las responsabilidades y lo dejan morir.
<< ¡Te ganaste el libro !>> Erwin se puso de pie y me obsequió el premio. Esa tarde salí de la Casa de la Cultura, con mi pecho henchido, pude comprobar que había logrado un paso de avance en mis propósitos al medir sorpresivamente mis conocimientos y motivado por lo interesante de estas tertulias, continué. En otro encuentro, un tanto personal, me pidió que desmenuzara el cuento “Todo por un bistec” de Jack London, caracterizando los personajes, su entorno, conflictos, etc. Cualquiera que comienza en esta gran hazaña, exclamaría ¡Ni loco! ¡No voy más! ¡Es mucho! Pero el deseo de lograr mis propósitos me llevó a responder la tarea a cabalidad, la que me ayudó a entender un poco más este inmenso entramado de la escritura, la lectura y su comprensión. Me sugirió leerme la Antología de cuentos de Onelio Jorge Cardoso, que la pude obtener como préstamo en la Biblioteca de la “Casa del Joven Creador” de esta ciudad y así sucesivamente un sinnúmeros de obras y escritores según la técnicas narrativas que estudiábamos el día del Taller, para observar como tal o más cual prosista las empleaba y tomar experiencia de ellos para hacer surgir mi estilo y sello personal. Otra cosa muy importante que les sugiero: estudiar el libro “Desafíos de la ficción” de Eduardo Heras León, lo considero la biblia del narrador.
Escribí y reescribí algunos cuentos, pero esta vez con más pertenencia, porque lo afirmo con todas las fuerzas de mi alma, hoy soy propietario del conocimiento de unas cuantas herramientas literarias y de una modesta experiencia en la escritura sembradas con estudio, escritura y lectura y gracias a eso puedo hacerla extensiva a todos los que lean mis vivencias. Después de sentirme un poco más seguro, comencé con más entusiasmo a enviar a cuanto concurso me caía a las manos y
participar en los Encuentros Debates Municipales cada año. Si ya han revisado mi blog podrán encontrar fragmentos de cuentos y ensayos ganadores en estos certámenes, es el inicio del clímax, de mi formación como escritor, ya lo ven, esos son los premios y menciones que obtuve, sin esperarlo. Por eso niños, jóvenes, adultos e interesados en general, revisen el bichito de sus talentos que anda suelto en su mentes y si no lo han descubierto, encuéntrelos y suelten su
imaginación, para contar historias que les llegará primero por intuición y luego acercándose a estos cursos de narrativa que ofrecen los Talleres Literarios de las Casas de Culturas Municipales, que se los recomiendo, no se van a arrepentir, los harán escribir y leer con más pertenencia. Recuerd
en, una gran caminata comienza con un primer paso, pero para dar esa primera pisada hay que tener decisión y para lograr lo que nos proponemos, la gran obra: ser escritor, se consigue con la sumatoria de muchos poquitos de interés y muchos poquitos de paciencia, al final el resultado es sorprendente.
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