La Pluma en el Tintero
Bayamo.M.N. Granma. ![]()
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Lo sabe todo, puede contar todo, lo que piensa una persona, comentar lo que sucede en el pasado, presente, futuro. Escribe en la tercera persona del singular. Él o ella, utiliza pronombres. El narrador omnisciente o directivo es quien conoce a detalle la historia. Conoce todo respecto de la narración. Puede influir en el lector, pero no siempre. Trata de ser objetivo en lo que dice o piensa. Las características principales del narrador omnisciente son que: expone y comenta las actuaciones de los personajes y los acontecimientos que se van desarrollando en la narración; se interna en los personajes y les cuenta a los lectores los pensamientos más íntimos que cruzan por sus mentes, sus estados de ánimo y sentimientos; posee el don de la ubicuidad, dominando la totalidad de la narración y parece saber lo que va a ocurrir en el futuro y lo que ocurrió en el pasado; utiliza la tercera persona del singular o plural. Puesto que un relato es la narración coherente de una experiencia emocional, la pregunta surge de modo emocional significativa, la pregunta surge de modo natural: ¿de quién es la narración o quien está contando el relato? Puede contarlo desde el punto de vista de un personaje, él o ella, la tercera persona de singular. La elección del narrador puede ser crucial. Si el lector recibe la versión del escritor, la narración es brindada por alguien externo a la acción. El escritor no está en el relato y no escribe sobre sí mismo. Una ventaja que tiene el escritor por sobre cualquier personaje como narrador es que él puede ser omnisciente en el relato. Puede contar lo que un personaje está pensando, conocer su pasado y futuro, sus secretos más recónditos. Un personaje no puede entrar en las mentes de otros personajes, solo puede contarnos sus propios sentimientos, describir solo sus propios sentimientos. Lo ve todo desde afuera, no obstante la omnisciencia es solo una convención literaria. Omnisciente personal. Entonces ¿por qué no contar el relato desde el punto de vista del escritor? ¿Por qué hablar a través de un personaje? ¿Podríamos tener un narrador mejor que el mismo autor? ¿Por qué no hacer mejor un relato de autor? Muchas de las grandes novelas están escritas por el método omnisciente. Vemos la acción a través de los ojos del autor y escuchamos su voz, excepto cuando, como en una escena escuchamos también las voces del personaje. ¿Pero realmente queremos que nos cuente el relato alguien que no estuvo allí, que tal vez lo esté inventando solo para entretenernos? ¿Queremos tener la crónica del autor de lo que pasó, lo cual –admitimos- puede ser muy interesante y encantador o preferiríamos ver el suceso por nosotros mismos, o escucharlo de alguien que estuvo allí, a quien le pasó todo, o que lo vio con sus propios ojos? Muchos escritores insistirán en que un relato no debe ser un relato de autor, sino de un personaje, o visto a través de los ojos de un personaje, no de los del autor. La mayoría de los viejos clásicos de ficción son relatos del autor. Esto ha constituido el método establecido y tradicional de la narración. Pero el autor moderno se inclina a dudar de la autoridad del relato del autor y prefiere una visión interna más auténtica del suceso, mirando a través de los ojos de un personaje. El suceso se hace más cercano a él, más creíble y convincente. Hay dos clases de relatos de autor: personal e impersonal, o subjetivo u objetivo. El escritor que usa el método personal no se oculta ni se quita de la historia. Expresa sus propias opiniones y sentimientos sobre el suceso y las personas involucradas. Si es Fielding, es francamente Fielding o algún narrador sin nombres a quien tomamos por Fielding, o por su alter ego (el otro yo). El protagonista de la obra es un álter ego del autor. El autor penetra audazmente en el relato y no esconde su presencia; aunque no es uno de los personajes dramáticos, casi se convierte en uno cuando toma parte activa como Fielding, lo hace en Tom Jones, y Trackeray en las ferias de las Vanidades. Mientras vamos conociendo a los personajes, también vamos conociendo al autor-narrador, y cuando terminamos la lectura tenemos también una imagen mental muy bien definida de él. Puede ser un “personaje”. Podemos identificarnos fácilmente con Fielding más que Tom Jones o Sofía Western. El autor personal se siente libre de comentar sobre la acción y de hablarle al lector en su propia persona como yo autor. Su comentario, aunque no es parte de la acción, puede esclarecer los sucesos y los personajes, aumentando el valor y el interés del relato, pero no importa tan elocuente y persuasivo sea, después de todo, después de todo no es parte del suceso original, sino algo agregado por el escritor. Puede ser incluso una distracción o un estorbo. Al menos para un lector Trackeray como un narrador es más interesante que Becky Sharp, o cualquier otro personaje de la feria de las vanidades, y el encanto del libro consiste en el hecho es el de Trackeray o su portavoz sobre Myfair, en vez del relato de Myfair, tal y como lo fue en su tiempo. La forma en que lo ve Trackeray como narrador, le añade, aún hoy, encanto al libro. Miramos al viejo Myfair a través de los ojos de Trackeray y vemos lo que él ve, que es bastante y escuchamos su voz. Muchos lectores no lo entenderían de otra manera. Pero existe un riesgo en este método: se vuelve dolorosamente evidente en las líneas finales de la novela. Bibliografía: 02 Tercera Persona. “Desafío de la ficción”. León Surmelián: “Third person”. Techniques of Fiction Writing: Measures and Madness, anchor Book Edition. Nueva York, 1969, pp 40-65, Traducción para el curso: Ivonne Galiano. Corrección Eduardo Heras León y Michel Encinosa. Enciclopedia Wikipedia.
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