Volver a “La Palma del Auriga”

Publicaciones

    La pluma en el tintero.Bayamo.M.N. Granma.

     Publicaciones de los Talleristas en el Boletín “La Palma del Auriga”

“No mata el no aprender, sino el no sentir orgullo que se ha aprendido.”  .//// Autor: Adalberto Jiménez Batista. Poeta, narrador y profesor. (Río Cauto, 1944). //Poesía para Niños. “Avioncito mudo”//Un avioncito verde llegó a mi cama sin ruedas ni motor, por la mañana. / Un avioncito rojo de alas de vidrio, cuando juego en el patio corre conmigo. / Un avioncito mudo de alas de sol, aterriza en la espalda del moscardón. Un avioncito azul vuela andariego. / ¿Qué busca en el jardín, por los helechos?/ “¡Qué no son avioncitos!”/ -dice mi abuela./ -¡Dice que son insectos!/ ¡Qué son libélulas!////“Almohadas con sueño”///En el pico Turquino retoza y juega con el viento intranquilo, nuestra bandera./ En lo alto del cielo, las nubes llegan, son almohadas con sueño, pero así juegan./ ¡Qué alegre mi bandera!/ ¡Con sus amigos quiere hacer una fiesta con dulces trinos!/ Y jugar a la risa, y al escondido y al soldado que cuida de verde olivo.////“Un caracol sin quitasol”/Por el fondo del agua lleva un señor sus antenas al aire sin quitasol. / Con el cuerpo desnudo pasa el señor a comer hojas frescas de cundeamor. / Por debajo del agua pasa el señor, va con su casa al hombro, sin resplandor. Por debajo del agua, va el caracol, porque va sin paraguas le teme al Sol.
Lic. Salvador Escandell Guerra (Economista, Investigador y profesor universitario). Boletín No. LXV, Enero 2017. “Desenlace” //…-¿Tienes  un  mapa   Chini?- Le  susurró  en  el  oído  la  muchacha.- Acabo  de  perderme  en  tus  ojos. // El  se  quedó mirándola, entre asombrado   y  curioso. Lucía  tacones  altos, un  mínimo  vestido  y  un  labial  tan violento que parecía sangrar por la sonrisa. Ella  encimó  sus   senos  y  él  se  olvidó  de  la cita y las preocupaciones. // -Debes  estar  cansada. – Estuviste  corriendo  todo  el   día  en  mi  mente. Le dijo apretándole  el  talle. //-¿Me llevas? Dijo ella…////“El Otro Inmortal”. //“…Pregonaba  constantemente: “A  lo  cubano, botella  e´ ron,  tabaco  Habano…” como  si  sus palabras  fueran  las  de  Marco  Flaminio Rufo: “Los  ricos  teucros  de  Zelea  que  beben  el   agua  negra  del  Esepo…” en   la   conquista   de   la  Ciudad   de  los  Inmortales. Le  parecía que prorrogando su  actuación desordenada lograba estirar el tiempo de vida, pero solo alcanzaba el fuego agónico de sus días y así multiplicó el número de sus desgracias.// -Soy Inmortal. Decía fanfarroneando…”
 Testimonio: “Una Jiguanisera en Girón”, Boletín LXVI, Febrero 2017.////“La idea se abre paso y deja en el ara de la Patria un libro inmortal.” ////Autora: Bella Nieves Ledea Brizuela (San Pablo de Jiguaní, 1940). Lic. en Historia y Ciencias Sociales. //// Fragmento del Testimonio: “Una Jiguanisera en Girón”/ La campaña de alfabetización fue un fenómeno cultural que estremeció al país de punta a cabo. Las ciudades eran un hervidero de gentes. Tanto de día como de noche, en los montes las luces de los faroles le hacían competencia a los cocuyos, eran como estrellas iluminando los caminos. Los ríos, las montañas, los bohíos…, cambiaron sus oscuras noches de candil por claras iluminarias. Recuerdo que llegamos a la Ciénaga de Zapata en marzo de 1961. Yo miraba de un lado a otro y no veía ningún bohío, solo vegetación, ciénaga, el mar con su hermosa Bahía de Cochinos y allá, a muchos kilómetros, se observaba Playa Girón. Por distintos puntos se iban quedando compañeros que se internaban por unos caminos de dientes de perro y matorrales. Al despedirnos nos abrazábamos y llorábamos como si nos conociéramos toda la vida. Fui la última en llegar al cuartón donde me correspondía: El Helechal. Ya el Sol se estaba escondiendo. Francisco Labrada, el encargado, me daba ánimos, pero mi corazón latía fuerte. Caminamos monte adentro y al fin llegamos a una casa de vara en tierra, cobijada con palma cana y con un hueco en el guano a manera de puerta. Francisco saludó a la familia que allí vivía y anunció: “Aquí les traigo una hija. Les dará clases y los ayudará con el trabajo. ¡Y cuídenla, que es oriental!” Las necesidades fisiológicas y el aseo eran monte adentro. Recuerdo las veces que allí corriendo por los enormes cangrejos y majaes que se encontraban en cualquier lugar; y las ranas, mosquitos y jejenes me acompañaban en todos los trajines. Me iba con el señor de la casa, Julio, para donde tenía los hornos de carbón. Le ayudaba y le daba las clases. Apenas un mes después de mi llegada allí se produjo la invasión mercenaria; y como la familia de El Helechal pasé todas las angustias que se viven en una guerra. Me cuidaron mucho para que no me sucediera nada; estuvimos en casimbas de dientes de perros durante la invasión mercenaria. A mi otra compañera Patria Silva la apresaron los mercenarios y se enfermó de los nervios. Me correspondió estar con ella ingresada en el Hospital Militar de Santa Clara. Creo que las dos estábamos siquiátricas. Al terminar esta difícil tarea me incorporé de nuevo a la Ciénaga, ubicándome en otro cuartón: Jocuma, pero felizmente cumplí, alfabetizando a nueve campesinos. Hoy, a más de cinco décadas de aquella epopeya, la recuerdo como una etapa esplendorosa de mi vida.
“(…) la sociedad es un libro muy delicado, no hay que lastimar sus hojas al estudiarlo.” . ////Autor: Héctor Santiago Casamor (Bayamo, 1939). Licenciado en Derecho. ///Libro de Testimonio: “Bayamo. Ciudad sitiada”. Fragmento del Capítulo: “El barbero, el asesino y el fusil”./// Estaba cerrando una de las puertas de la barbería cuando llegó un casquito a pelarse. Lo invité a sentarse en el sillón y rápidamente abrí la puerta que acababa de cerrar. Al tomar asiento lo primero que me llamó la atención fue el fusil Garand, colocado entre las piernas. Lo agarraba con las dos manos como si temiera se lo fuera a quitar. Yo sabía lo bueno que era ese tipo de fusil semiautomático, que emplea un cartucho de gran potencia y un proyectil blindado, y al disparar, tiende a hacer un zapateo hacia atrás muy fuerte. Era un arma avanzada para la época y cuando llegaba a dominarse bien era muy efectivo durante el combate. En fin, que estaba en presencia de un gran fusil de procedencia norteamericana, que no se le entregaba a cualquier militar. Por eso me extrañó que este, tan joven, lo tuviera. El fusil me tenía obsesionado. Estaba tan cerca y pensaba en la posibilidad de que fuera mío para entregarlo a los rebeldes y, al mirar el cañón con su boca negra, me asaltó la inquietud de que quizás en manos de ese enemigo había dado muerte a combatientes rebeldes, realidad que me fuera confirmada minutos después por el propio esbirro. Observé al militar detenidamente: bajito, cabeza y ojos redondos, pero lo que más sobresalía era su cara, tan roja como un tomate maduro…Inicié la conversación sonsacándolo, diciéndole que a mí siempre me gustó lo militar, pero que por una tradición familiar “me hice barbero”, y aproveché para preguntarle de dónde era y si ya había combatido. Me dijo que era de Holguín y que había participado en la captura de los fidelistas el pasado mes de octubre con Albertico, un policía muy bueno que conocía a todos los revoltosos, y terminó diciendo: “No se escapó ninguno”. Era uno de los que llamaban en aquel tiempo “perro de presa”, al que ya se le atribuían varios crímenes de combatientes y colaboradores clandestinos, y ciertamente fue uno de los principales autores de los asesinatos y torturas a los mártires del 21 de octubre. Entonces fue que aprecié que tenía a mi lado a un monstruo y que los muertos clamaban justicia. Ya no miraba el arma, ahora me distraía en el cuello del confeso criminal. Cogí el asentador de manos y fui hasta la puerta principal. Miré a lo largo de ambos lados de la calle General Lora, la cual estaba desierta, y comencé a asentar el filo de la navaja. Me temblaban las manos y me viré para que él no se diera cuenta. Regresé y con un movimiento rápido puse el sillón de frente al espejo para que pudiera verse, mientras le miraba el rostro de complacencia por el pelado que estaba a punto de terminar. Se veía alegre, como si quisiera mantener esa imagen toda la vida. A mí, en cambio, me parecía ver el color de la sangre teñir el paño blanco que cubría parte de sus extremidades, y en mi mente se posaron los cuerpos de algunos de los combatientes masacrados aquel terrible día. Ahora me encontraba sereno y al terminar de enjabonarle el cuello alcé el brazo con la navaja en la mano…pero en el mismo instante, sorpresivamente, entró el dueño de la barbería por la puerta que daba a la otra calle y, al ver la escena, tropezó con una silla y solo atinó a asirse del otro sillón. Yo regresé como de un sueño, y al mirarlo, vi en su rostro la expresión de una mueca como si estuviera contemplando a un fantasma.
“Los libros sirven para cerrar las heridas que las armas abren.”  .////Autor: Eduardo Licerio Verdecia Díaz. (Campechuela, 1964). Piloto Internacionalista de helicópteros. Jubilado de las FAR.///Testimonio- (Fragmento del libro “El apuntador de Cangamba”)////Pasaje del libro :”Parece que ya no voy a morir”. De nuevo estoy comprimido en el asiento. Percibo como cruje el traje antigravedad alrededor de la cintura en lucha para que la sangre no fluya hacia las piernas. Desde alguna zona, Lee Kim, quien debe seguir la maniobra, me ordena: — ¡02, pon rumbo al campo! —continúo el ascenso a más de 5000 m, cuando, por segunda vez, resuena esa orden en mis oídos. De inmediato, con la mano libre, aprieto el botón de concordancia del indicador de rumbo y este comienza a girar sin control. Entonces le trasmito al líder: — ¡01, pasa delante que la brújula tiene problemas! En instantes veo la silueta camuflada del caza que pasa por mi lado. Antes de que sus gases abracen mi máquina, tiro bruscamente de la palanca para ocupar un escalón que me facilite el pilotaje. Cuando alcanzo noventa grados de banqueo y giro la cabeza buscando a Lee Kim, siento un latigazo en la cervical y pierdo la visión. Involuntariamente empujo el mando, tras lo cual el casco golpea como un martillo en la cabina. — ¡01, ayúdame que no veo, me voy a catapultar! —grito por la radio un poco desconcertado. — ¿Dónde te dieron? — ¡No, no me han dado pero estoy ciego! Suelto los mandos. A tientas busco las anillas de la catapulta entre los muslos. Entonces escucho otra voz, pertenece a Henry, quien vuela en otra zona. — ¡02, no puedes catapultarte, estabiliza el rumbo y no desciendas de los 3000 m! Tras esas indicaciones logro imaginar que estaba descendiendo sobre el enemigo. Retomo las palancas tan rápido como había agarrado las anillas y oigo que el Jefe le ordena al torrero que dé prioridad a mi aterrizaje. Desconozco mi posición. Parece que en cualquier momento voy a impactar las montañas. Hago esfuerzos con la vista. La claridad se asoma, pero noto la cabina neblinosa. En instantes esa niebla se disipa y los colores del ambiente penetran en mis ojos anegados de sudor. Veo las cimas bastante cercanas. Chequeo el altímetro. Señala por debajo de los 3000 m, entonces analizo que durante aquellos segundos caí en descenso. Llevo los pies a los pedales nuevamente. A duras penas logro estabilizar. Recorro el exterior con la mirada. Mi corazón se sobresalta cuando advierto la cercanía de Lee Kim. Llega al auxilio como el familiar que acude al convaleciente quejoso. Su voz pausada comienza a llegarme: — ¿Cómo te sientes? ¡Corrige el rumbo a la derecha! ¡Dale palo al frente! —me dice cuando mi avión levanta la nariz. 
“Se hacen versos de la grandeza, pero sólo del sentimiento se hace poesía.” .////Autor: Conrado Mir Félix (Bayamo, 1955). Poeta, cantante, guitarrista, compositor y director general del grupo Cubayam.///ESPANTAPÁJAROS I-¿Qué rumbo trajo este apego al simulado bautismo, que distrae los camuflajes? En el insomnio abstraigo dudas, levitaciones. Dialoga el viento sus rotas melodías mientras una paloma inflama su lamento. Lo estéril evade brotes, confirma ausencias. Un cántaro desafina el entorno donde abrevan espinas y matorrales los demonios del rencor. La lluvia desprende olor a tierra enojada, persistiendo mi angustia, mi rechazo./// II –El sol abre un madrigal a mis sentidos como frase al ayuno. Sus rayos pudren y convertidos en sombras se llevan mi corazón de alas marchitas. Exonero al espacio de resentimientos y cambio mi espectro como algo definitivo./// PRESAGIO. La muerte es blanca y sus trillos claman y aducen su rol interno, cuando el seol deja abiertos sus pestillos. Lleva guadaña Amarillos dientes que son ancestrales. Da estocadas radicales. Con una fría destreza apuntala la certeza de sus cobros inmortales. Entre esquirlas, suspendida, sigue rumiando algún rito secular. Donde yo habito se aparece distendida. Insaciable y decidida sella un dictamen. Sutil, en mi oráculo senil, rezo el miedo, arrodillado. ¡Oh, demonio dispersado con túnica de marfil!//// SURGIMIENTO-Alguna timidez nace en los preludios mientras el ocaso transforma su antigüedad. Un salto como parto del agua sublima la altivez y sus enigmas. La luna irradia su hondura femenil sobre la hierba sin bautizo. Entre los pinos teje fibras aparentes y deja escapar una frágil armonía. Echan raíces las alas del tiempo y sedan tu límite ancestral. Te vislumbran la piel mis dedos de arena y amapolas y en tus laderas mi osadía se expande. Beso tus manos de mariposa silvestre, tu sexo con un pálido murmullo. Un resplandor inunda el horizonte y pronuncias algo extraño que el hombre después llamó Palabra.
“Para los niños trabajamos, porque ellos son los que saben querer, porque ellos son la esperanza del mundo. “ ./// Autora: Mailín González Figueredo (Bayamo 1975)/// Cuento para niños: “La niña, la ventana, el ave, el árbol”/// -¡Ojalá sigas mucho tiempo ahí! Le pide la niña desde su ventana, a un ave. Solo hace esa petición y el buen Osaín, que todo o puede, accede al milagro. El ave sostiene el vuelo en su árbol en diálogo con la niña que saluda. Abre y cierra las alas, so posa, liba una flor, se exhibe amiga, levita frente a la ventana. La niña la observa a través de la ventana de cristal su sonido, el zunzuneo de su cuerpo.-¡Ojalá tuviera tus alas, tus patas, tu pequeñez! Piensa la niña, desde su uniforme de paciente, desde su número de cama, desde su preoperatorio, segundo preoperatorio. Caterismo, aorta, obstrucción. Conoce bien estas palabras. Cada vez que son pronunciadas por las personas mayores cobran tan seriedad, narices rojas, lagrimeos. Dios como única salvación. Sin embargo, en aquel mes no se ha obstruido su deseo de soñar, de curiosearlo todo. Cuando los médicos pasan vista y la tensión arterial le sube excesivamente, solo el viejo árbol y el zunzún la salvan.-Mamá. Dice la enfermera la niña tiene que hacer mucho reposo. Mañana es la operación.-Deme la fórmula para mantener a este pajarillo en reposo. Pide la madre, mirando la intranquilidad de su hija. ¿Quién puede apresar una bolsa de nylon volando en el aire, piruetas al viento, vacía en apariencia? ¿Quién puede apresarte en una cama, niña? La de la cofia blanca no sabe cómo tomar estas palabras. Sale y regresa junto al médico de guardia y con sedantes en las manos.-Mire ¿cómo mantener tranquila…?-¿Cómo dibujo ese árbol? Interrumpe la niña señalando para afuera. Si en el hospital no nos dan crayolas para dibujar y si pastillas para dormir.-Tiene razón nuestra pintora. Dijo el médico. Pero prométeme que estarás en cama, mirando la televisión y dibujando lo que ves.-Pero venga con muchas hojas y colores, pintaré un árbol grande capaz de darle sombra a todos. Un golpe de suiza, regresa la enfermera con crayolas, temperas y hojas. La madre aprovecha el momento creativo de la hija para estirar el cuerpo recio, moldeado por la incómoda silla. Se va lejos de la jaula de cristal, también ella tuvo ideas, alguna vez, de dibujar la esperanza y tropieza siempre con la caja de la oveja de El principito, ahí está la tuya, no la abras. Todo parece en calma en la sala de cardiología infantil mientras la acompañante aún estira el cuerpo. Al rato la enfermera abre la puerta de la jaula para entregar los medicamentos que dan sueño y hacen orinar mares. Un grito se deja oír, alto, sin aviso. Un árbol de crayola y tempera ha crecido enraizado en el cuarto del hospital. Un árbol viejo en cuyas ramas está la niña, volando, libre.
___________________________________________________________________________________________________________                                                                                       Regresar a la página principal

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.